La marca es la principal razón por la que los emprendedores deciden montar su negocio de la mano de una empresa franquiciadora con un recorrido ya consolidado. Este componente aporta garantías y disminuye considerablemente el riesgo y el margen de error al que se somete cualquier autónomo cuando decide poner en marcha una empresa. El branding de empresa, en este sentido, ya está consolidado y el franquiciado se ahorra, de este modo, todo el proceso de construcción y mantenimiento de marca, así como el análisis y la estrategia a adoptar.

El franquiciado se ahorra todo el proceso de construcción y mantenimiento de marca, así como el análisis y la estrategia a adoptar

Sin embargo, no todo vale. Es imprescindible optar por un negocio cuya marca o imagen corporativa cumpla ciertos requisitos básicos; en primer lugar, porque una buena marca es la que ofrece una imagen única y unos valores de la empresa y, en segundo lugar, porque representa un reconocimiento inmediato en los diferentes mercados, tanto nacionales como internacionales. En definitiva, es el reflejo del negocio.

Por ello, la marca ha de estar bien definida, pues refleja no solo el tipo de producto o servicio que se va a ofrecer, sino que también irradia un conjunto de valores e identidades. Sin embargo, el pilar elemental que debe cumplir la marca es una buena defensa protagonizada por el capital humano. Es este el que encarna la filosofía de la empresa y su modus operandi y comunica a los clientes su valor.

Ventajas de la franquicia

Al optar por la franquicia como modelo de negocio, se está adquiriendo una identidad corporativa ya diseñada, así como una imagen corporativa que es importante conocer. La diferencia entre identidad e imagen es que la primera se sitúa en el plano del emisor y la segunda en la del receptor.

La identidad corporativa ya ha sido determinada y queda recogida en un manual tras su análisis, desarrollo y estudio del conjunto de valores que constituyen la personalidad de la empresa. Una buena imagen corporativa la proporcionará una marca bien consolidada que, tras un proceso de técnicas de marketing, consigue un reconocimiento generalizado de su producto o servicio.

El producto o servicio ya está diferenciado frente a la competencia y tiene capacidad para defenderse frente a una lucha de precios

A nivel pragmático, la primera ventaja que ve un empresario es la reducción de los costes de marketing. El producto o servicio ya está diferenciado frente a la competencia y tiene capacidad para defenderse frente a una lucha de precios.

El nivel de crecimiento y las expectativas, a su vez, son más elevadas que en la puesta en marcha de cualquier otro negocio, porque el nombre de la marca encierra una gran credibilidad y confianza. La desventaja que implica adquirir este tipo de negocio es que el nivel de exigencia y presión van a situarse dentro y fuera de la propia razón social, es decir, que habrá exigencias procedentes de la clientela y exigencias por parte de la empresa que ha cedido nombre, derechos, marca y how know.

La presión va a situarse dentro y fuera de la propia razón social: habrá exigencias de la clientela y exigencias por parte del franquiciador

Dependiendo de la estrategia de expansión nacional o internacional de la empresa, se deberá proteger por vía nacional e internacional, pues son cada vez más las legislaciones que exigen el previo registro de la marca en el territorio para la concesión de franquicias. Una vez registrada, el titular debe velar por conservar su reputación y valores y debe vigilar así su correcto uso por parte de los franquiciados.

En definitiva, a cambio de una retribución, la marca otorga a la franquicia una imagen corporativa que suele ser positiva, una larga trayectoria de marketing y las claves para hacer funcionar el negocio. Esta marca otorga, tanto a los mercados nacionales como a los internacionales, un reconocimiento inmediato, lo que redunda a favor de toda la cadena de franquicias y devienen uno de los modelos más optados para abrir un negocio.