La franquicia que todos conocemos, la que ha llegado a hacerse un término común, que ha evolucionado de forma más espectacular y es accesible al emprendedor, es la que se define como “franquicia de formato de negocio”. Y se basa, en primer lugar, en el éxito previo del franquiciador a la hora de explotar su concepto de negocio. En segundo lugar, en la formulación del sistema para la concesión de licencias o franquicias con el fin de que los franquiciados que se le unan puedan reproducir el formato de franquicia del que formarán parte las marcas del franquiciador. En tercer lugar, en la aportación por parte del franquiciador de una formación inicial. En cuarto lugar, en una asistencia técnica continuada. Y, finalmente en la definición de las políticas comerciales y promocionales a emprender en el área exclusiva de cada franquiciado y en el conjunto de la red.

La historia de la franquicia

La franquicia moderna se impuso, tras la segunda guerra mundial, cuando ciertas empresas norteamericanas se decidieron por esta fórmula para su expansión y desarrollo con resultados muy favorables. La definitiva revolución llegó en los años cincuenta del siglo XX, de la mano de McDonald’s, y más específicamente gracias a la visión empresarial de Ray Kroc, personaje singular que pasó de proveedor a auténtico creador y organizador de un imperio que tiene en su base la aplicación del sistema de franquicias.

En España, la franquicia, iniciada tímidamente por algunas marcas francesas en los años sesenta del siglo XX, vivió su gran expansión en la década de los noventa y, desde entonces, ha dado muestras de una excelente salud.

Las cifras son elocuentes y reflejan la importancia creciente del sistema de franquicias español en el entramado del comercio y los servicios, no solo por la facturación que aporta, sino también por lo que representa de acicate para la creación de pequeñas empresas y la generación de empleo.

Deberes y obligaciones

Resumiendo las ventajas que para el franquiciado tiene la franquicia podemos señalar:

  • La evidencia del buen funcionamiento general del sistema en el mercado.
  • La disminución del riesgo empresarial frente a proyectos totalmente independientes, dado que es el franquiciador quien ha corrido con los problemas iniciales y ha corregido los errores propios de una iniciativa nueva.
  • La asistencia que debe recibir el franquiciado del franquiciador te sitúa como empresario independiente pero sujeto a sus normas, que son fruto de su experiencia y que constituyen la base de su know-how.

Existe un Código Deontológico Europeo de la Franquicia que resume de forma clara cómo deben actuar franquiciador y franquiciado. No es una ley, sino un breve recetario de normas que deben respectarse entre las dos partes para que podamos hablar de un sistema de franquicias eficaz y de confianza.

En él se define la franquicia como un método de comercialización de productos y/o servicios en el que una empresa –el franquiciador– concede a otra persona física o jurídica –el franquiciado–, a través del contrato de franquicia, el derecho a reproducir su concepto de negocio en exclusiva en un territorio determinado durante un periodo de tiempo fijado en el mismo contrato.

La relación entre franquiciador y franquiciado se basa principalmente en la mutua confianza. Las leyes y reglamentaciones son importantes, pero si no existe una voluntad de avanzar juntos en buena colaboración, el sistema de franquicias no tiene razón de ser.

La importancia del Código Deontológico viene dada, precisamente, porque no es una norma jurídica sino un instrumento que determina la forma que deben tomar las relaciones entre ambas partes para un buen funcionamiento del acuerdo que firmarán.